Nos juntamos en un paseo de los Dominicos. Había allí una pileta, y el camino daba hacia el oeste. Conducía al Sol que comenzaba a agonizar en el atardecer.
La miré a los ojos mientras nos acercábamos, y la guié para sentarnos en una banca desocupada.
-Sabes por que estoy aquí -Fueron las primeras palabras que dije. Y no fue una pregunta, pues en sus ojos yo lo vi con claridad. Ella dudó un momento, guardó silencio.
-Vine a terminar con Todo.
Ella soltó una risa triste. Y comenzaron los sollozos que ya me había preparado para escuchar.
- Creo que lo sabía… -dijo con la voz quebrada. Luego me susurró- Pero… no quería aceptarlo.
La abracé y acaricié mientras ella comenzaba a liberar una serie de llantos intentando contenerse. Le entregué el paquete que había preparado para ella. Era de papel con un diseño de un cielo nocturno, con estrellas abstractas y símbolos extraños. En su interior estaba la carta que hace unas horas había escrito para ella. Donde le explicaba todo. También contenía unos lentes de sol viejos, algo rayado, de vidrios espejados. Los que traía puestos el día en que la conocí.
-Dentro de éste sobre.. Hay una carta que explica el por qué… Y un objeto que te va a traer recuerdos. –Sonreí. Intentaba mantener mi voz, pero no lo lograba. Modular palabras es complicado cuando tienes un nudo gigante intentando desatar sus gemidos dolorosos. También intentaba mostrarme en paz. Al menos eso lo logré. Por que al ver al Sol que perecía lentamente tras ella una enorme paz me invadía. La luz del Sol se reflejaba en mis ojos y el resto de mi cuerpo, y mis ropas blancas. Ella acostó su cabeza en mi pecho, y se dispuso a escuchar cómo mi corazón sangraba una canción de Tristeza mezclada con Paz. Y algo de nostalgia.
Con una de mis manos tomé su cara y la despegué de mi pecho. La acaricié suavemente y la apunté hacia mi rostro. Pero ella desviaba su mirada hacia un punto vacío.
-Mírame. -Le dije. Inhalé con armonía el aire necesario para pronunciar las palabras. Ella me miró.
-..Estoy en paz.. -Y de mi boca escapó una sonrisa espontánea y honesta. Radiante. De la de ella también. Luego, con una de mis manos, apunté hacia el Sol que ya estaba siendo desnudado por el horizonte.
-Mira… El Sol está muriendo.
Luego tomé su mentón y lo dirigí hacia mi rostro. Nos besamos bajo el crepúsculo de un final sinfónico. Un último beso entre lágrimas, antes de la Muerte del Sol. Un beso trágico, una danza suave majestuosa, dulce, desesperada, libre, un beso vivo.
Con un gesto le mostré mi pecho. No, mas allá; Mi corazón…
- Siempre estarás en él.-Ella seguía danzando entre el Caos de sus sentimientos. Su sonrisa fue húmeda, de felicidad y tristeza. Mi dedo índice tocó su pecho. No, más allá: su corazón. –Tú también…-dijo entre titubeos susurrados- Siempre serás parte de mí…
La abracé nuevamente, ella puso su cara en mi cuello y liberó un largo llanto. Pero podía imaginar entre sus llantos, una sonrisa.
-¿Puedo leer la carta ahora? –Me preguntó. Yo… Yo me desplomé por dentro. El nudo en mi garganta no me dejaba articulas las palabras para decirle que no, que si no pude expresarle en palabras las razones de éste Fin fue por que las palabras no podrían salir. Y mis miles de sentimientos en el momento no me dejarían expresar bien mis ideas. En este momento comprobaba que así hubiese sido. Un sonido ahogado salió de mi garganta, que parecía ser un no. Luego me hice las fuerzas para decirlo sin exteriorizar mi llanto –No… -Suspiré- No…
No quería ver el dolor en su rostro. Eso me hubiese destrozado aún más.
Ella abrió su bolso, y de él sacó el peluche que me regaló, nuestro hijo; Horus. Y me lo entregó. Yo lo acaricié, y lo olí, con mis sentidos enfocados en él.
Siempre que ella me lo entregaba, Horus tenía su olor impregnado. Aquel olor que cada noche, antes de dormir, me hacía volar en mis memorias con Lucy, y que me arropaba en unos dulces sueños.
Luego me entregó un pétalo de rosa amarilla. Y una rosa de vidrio, de pétalos rojos y tallo transparente. La levanté con cariño y apunté hacia el sol, para verlo a través. Hermoso. La última pizca de Sol se sepultaba en la oscura tierra del poniente.
- Debo partir.- Le dije con seguridad.
Ella se lanzó a mi cuerpo y me abrazó con mucha fuerza. La apreté contra mi cuerpo y pude sentir cómo nuestros corazones se rozaban. Tomé su cabeza entre mis manos y besé su frente. La miré directamente a los ojos y le dije en voz baja:- Nunca me olvides…
- Si nos seguiremos viendo. –Me dijo entre una sonrisa algo nerviosa. Tras escuchar esa respuesta mi sonrisa fue distinta, expresaba un “quien sabe”.
-Te Quiero –Dije, y mientras me daba vuelta sin dejar de mirar sus ojos, ella me dijo- Yo también.
Me fui junto con el Sol. Sin mirar hacia atrás…
Hozir, el Sol Negro.



Me dije “cuando dejes de llorar con esto escribiré” y aunque mis ojos se siguen lagrimeando no cayó la gota.
Sabes… es difícil, sí, pero no puedo estar triste, caen lágrimas de mis ojos pero estoy feliz entonces ¿Por qué lloro? Futuro, me asusta que es lo que se viene, pero me lo pregunte y es que no puedo estar triste por algo que me hizo tan feliz por mucho tiempo y sobre todo porque me dices “soy feliz” quizás no me había vuelto tan egoísta como había pensado…
y… lo último… tu mirada de paz, no expresaba paz
Acaso era Caos, Lucy ?
Si con caos te refieres a un mar de emociones … sí, sino… no lo sé
MIS RESPETOS¡¡¡ WOWW¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ ESTO ES ALGO O UNA DE LA SPOCASA COSAS QUE …LA VDD NO TENGO PAABRAS PARA DESCRIBIR..MUY BUEN POEMA